El problema de amar a Jesús | Un libro sobre la oración por Tracy O'Sullivan, O.Carm.
Reseña de Matt Gummess, O.Carm.
Basándose en las Escrituras, en la tradición mística y en su propia experiencia, el padre Tracy nos enseña a rezar.
Su mensaje es sencillo y profundo: tú también puedes caminar con Jesús.
Cuando el padre Tracy O'Sullivan era párroco de la parroquia de San Rafael, en el centro sur de Los Ángeles, tenía un pequeño ritual que ponía en práctica cada vez que los alumnos de primaria se reunían para la misa. “¿Quién quiere caminar con Jesús?”, preguntaba durante la homilía. Los alumnos sabían lo que les esperaba. Gritaban su respuesta con entusiasmo: “¡Quiero caminar con Jesús!”. El padre Tracy volvía a preguntar una y otra vez, obteniendo una respuesta cada vez más fuerte, hasta que las vigas de la pequeña iglesia parroquial resonaban con el grito de los niños: “¡¡¡QUIERO CAMINAR CON JESÚS!!!”. Y podían hacerlo, por pequeños que fueran: ése era el mensaje que el Padre Tracy les transmitía siempre. Cuando se tiene un buen mensaje, no hay necesidad de innovar. A los niños les encanta escuchar la misma historia una y otra vez. Y ellos se deleitaban con la palabra que el padre Tracy les dirigía. Niño, tú también puedes caminar con Jesús. ¿No quieres caminar con Jesús?
En este breve y accesible manual sobre la oración en la tradición carmelita, el padre Tracy nos plantea esa pregunta. Su mensaje es sencillo y profundo: nosotros también podemos caminar con Jesús. La santidad, el Evangelio, la oración, no requieren un doctorado en teología, o un estatus especial dentro de la Iglesia. Son para todos. Lo que el Padre Tracy llama “oración personal profunda” es para todos: oración desde y por el corazón, oración que expresa y alimenta la intimidad de una relación real con Jesús. El problema de amar a Jesús tiene una solución real y accesible para todos, sea cual sea su estado de vida. La solución es Jesús, que nos acompaña en cada momento de nuestro camino espiritual, como acompañó a los discípulos a lo largo del Camino. El problema de amar a este Jesús es más bien un problema de dejar que nos ame. Debemos “aprender que, al final, sólo Dios puede librarnos”.”
No es que este énfasis en la misericordia omnímoda de Dios no exija nada de nosotros: El Padre Tracy nos cuenta, tanto a través de la tradición como de su ejemplo personal, que requiere una verdadera humildad por nuestra parte, que sólo se consigue a costa de un doloroso autoconocimiento. En su caso, el Padre Tracy comparte abiertamente que eso significó admitir no sólo que era alcohólico, sino también que sus ardientes esfuerzos como activista por la justicia social en los años 60 y 70 tenían al menos tanto que ver con el servicio a su propio ego como con el servicio a la comunidad negra. En un pasaje vigorizante y conmovedor, el padre Tracy habla de su conversión, de una fatídica llamada a la policía que le puso en el arduo camino de la recuperación. “La humildad es la verdad”, dice el Padre Tracy, en referencia a Santa Teresa de Ávila. “Nuestra realidad esencial es que Dios es el Creador y nosotros la criatura”. Para caminar con Jesús, debemos desaprender el “relativismo práctico” que nos sitúa en el centro de nuestros pequeños mundos y, en su lugar, adentrarnos en el mundo mucho más amplio al que Jesús nos invita.
Hay un estilo de oración que corresponde a este movimiento: el modo silencioso y contemplativo de oración en el que debemos decir, con Juan el Bautista: “Es necesario que él crezca; que yo disminuya” (Jn 3,30). “El espíritu de pobreza es la meta”, dice el Padre Tracy. En un pasado no muy lejano, se pensaba que la oración contemplativa era la vocación especial de unos pocos elegidos. No es así, sostiene el Padre Tracy, y se basa en fuentes contemporáneas e históricas para ofrecer consejos concretos y prácticos sobre cómo cualquiera puede entrar en esta tradición contemplativa. El problema aquí no es una cuestión de tiempo o método; el problema es la resistencia del ego a las humildes palabras de Juan el Bautista.
Este consejo práctico y accesible es una de las principales aportaciones del último libro del padre Tracy. También lo es la perspicaz manera en que entrelaza el tema de la oración con la llamada universal a evangelizar. La llamada a difundir la Buena Nueva del Reino de Dios no es otra cosa que la llamada universal a la santidad porque, como señala el Padre Tracy, caminar con Jesús no es otra cosa que recorrer el Camino del Evangelio. Evangelización y contemplación van de la mano. Basándose en el Papa Francisco y en Evangelii Gaudium, así como el Papa Pablo VI y Evangelii Nuntiandi, El Padre Tracy conecta la tradición de la oración contemplativa con la llamada del Evangelio a construir el Reino de Dios. “Todas nuestras actividades espirituales”, concluye, “tienen el objetivo de ayudarnos a desarrollar una antena para buscar las oportunidades de amar: amar a Dios y amar a nuestros hermanos y hermanas. Este doble amor a Dios y al prójimo es en lo que consiste amar a Jesús.” Aunque podemos enredar nuestro ego con la llamada al ministerio, el problema del ego no es una excusa para recluirnos en un retiro pseudo-contemplativo del mundo. El problema de amar a Jesús exige que salgamos de nosotros mismos, tanto en la oración como en el servicio amoroso a los demás.
En cierto sentido, no hay nada “nuevo” aquí, pero de eso se trata. Los lectores apreciarán la profundidad con la que el Padre Tracy se inspira en la tradición de la Iglesia, sin olvidar su amplio compromiso con la Escritura, que fundamenta el libro. Apreciarán más la voz humilde del Padre Tracy, sin olvidar las historias personales que impregnan su enseñanza sobre la oración. El mensaje es intemporal. Amigo, hermana, hermano, ven, camina con Jesús.
El problema de amar a Jesús plantea una pregunta sencilla pero exigente:
¿Amamos de verdad a Jesús?
Tracy no pregunta esto como una teoría, ni como un eslogan piadoso. Lo pregunta desde una vida que ha conocido el éxito y el fracaso, el activismo y la oración, la claridad y la confusión. Eso es lo que da peso a este libro. No está escrito desde la distancia, sino desde la experiencia vivida.
Este no es un libro de técnicas, ni ofrece fórmulas espirituales fáciles. Habla de algo mucho más básico: la distancia entre conocer a Jesús y confiarle realmente nuestras vidas. Cualquiera que haya intentado rezar en serio reconocerá esa tensión.
En muchos sentidos, éste es un libro profundamente carmelita. Teresa de Ávila y Juan de la Cruz nos recuerdan que el camino hacia Dios no evita la ilusión, sino que pasa a través de ella. El verdadero amor a Dios crece lentamente, y a menudo a través de la pérdida, la debilidad y la dolorosa honestidad sobre nosotros mismos. Tracy escribe desde dentro de esa tradición, no en términos abstractos, sino de un modo que se siente probado con el tiempo.
Los lectores no encontrarán aquí soluciones rápidas. Pero sí encontrarán una invitación: a rezar con más sinceridad, a aceptar el largo proceso de conversión y a seguir a Jesús incluso cuando nos lleve más allá de nuestros propios planes. En una época en la que la religión se reduce a menudo a ideas o activismo, este libro nos devuelve tranquilamente a lo esencial: El cristianismo comienza con la relación, y la relación implica el corazón.
Ofrezco estas palabras simplemente como un estímulo para leer este libro con paciencia y apertura. Amar a Jesús no es un logro acabado. Es un camino que dura toda la vida. Y esa es, tal vez, la intuición más carmelita de todas.
Nepi Willemsen, O.Carm.
Consejero General para las Américas
Los Carmelitas de la Provincia del Purísimo Corazón de María, en fidelidad a Jesucristo, viven en una postura profética y contemplativa de oración, vida común y servicio. Inspirados por Elías y María e informados por la Regla Carmelita, damos testimonio de una tradición de ocho siglos de transformación espiritual en los Estados Unidos, Canadá, Perú, México, El Salvador y Honduras.
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