{"id":24981,"date":"2026-05-26T22:53:44","date_gmt":"2026-05-27T03:53:44","guid":{"rendered":"https:\/\/carmelites.net\/uncategorized\/the-false-self-and-the-true-self-8\/"},"modified":"2026-05-27T13:54:27","modified_gmt":"2026-05-27T18:54:27","slug":"the-false-self-and-the-true-self-8","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/carmelites.net\/es\/fr-tracy\/the-false-self-and-the-true-self-8\/","title":{"rendered":"EL FALSO YO Y EL VERDADERO YO-8"},"content":{"rendered":"<p>Este <a href=\"https:\/\/prayingalonetogether.blogspot.com\/2026\/05\/the-false-self-and-true-self-8.html\" target=\"_blank\">Correo electr\u00f3nico:<\/a> se public\u00f3 originalmente en <a href=\"https:\/\/prayingalonetogether.blogspot.com\/feeds\/posts\/default\" target=\"_blank\">este sitio<\/a>.<\/p><div>\n<div class=\"separator\"><a href=\"https:\/\/blogger.googleusercontent.com\/img\/b\/R29vZ2xl\/AVvXsEgSEOPLRRcQJFpKdRUQiTG80MlHuLh1XAudcNlcTW5SM1wEPgxiTBofcNFkrCdaCmrT9nn1BQHdYZkLXNpJsY8kztAgb9jNBx1B-UnsJKFOUEV59cuFyXzHI6tq5rHF3BFFbfO0x4PLRh_ChCUIsgDGvE35sgUuKjF5bll00FpcDtPd6a5sa3N98GbDKegO\/s620\/1000165303.jpg\"><\/a><\/div>\n<div class=\"separator\"><\/div>\n<blockquote><p>Esta es la octava de once reflexiones sobre las ense\u00f1anzas de Thomas Merton acerca de la din\u00e1mica entre el verdadero yo y el falso yo. Esta relaci\u00f3n conflictiva pero esclarecedora impregna la ingente cantidad de escritos de Merton sobre la vida espiritual. El punto b\u00e1sico del conflicto es la atracci\u00f3n del individuo hacia y desde Dios, su verdadero y \u00faltimo destino. La exposici\u00f3n que hace Merton de las consecuencias del pecado original es despiadada en su intensidad. Esta es la tarea del falso yo. Al mismo tiempo, la atracci\u00f3n del Yo Verdadero, la llamada siempre presente del amor personal y apasionado de Dios, es a\u00fan m\u00e1s poderosa. El coraz\u00f3n humano es el campo de batalla de este enfrentamiento aparentemente interminable.<\/p><\/blockquote>\n<p>Teresa repite una y otra vez: la humildad es la verdad. Nuestra realidad esencial es que Dios es el Creador y nosotros la criatura. Esta virtud esencial nos ayuda a reconocer y aceptar la persona real que somos ante Dios. La humildad nos permite integrar esta verdad cierta.<\/p>\n<p>La humildad no consiste en perder la autoestima. Esta es una aplicaci\u00f3n deshonesta y perjudicial de la humildad. Tal estado es perturbador y conflictivo. Teresa, por el contrario, dice, <b>\u201cLa humildad no turba ni inquieta por grande que sea; viene acompa\u00f1ada de paz, deleite y calma... esta humildad dilata el alma y la capacita para servir m\u00e1s a Dios\u201d. (W. 10.2) <\/b><\/p>\n<p>Conocer y abrazar la humilde verdad sobre nosotros mismos es la fuente de nuestra libertad. A medida que nos liberamos de la esclavitud del falso yo, poco a poco empezamos a ver con m\u00e1s claridad qui\u00e9n es Dios. Esta es la fuente esencial de nuestra humildad. Con la ascensi\u00f3n del Yo Verdadero, tambi\u00e9n vemos la verdad sobre nosotros mismos. La humildad nos abre a la necesaria conversi\u00f3n personal que nos lleva a un crecimiento constante en el conocimiento de nosotros mismos. Nos permite captar la maravilla de Dios que nos llama al Misterio del Amor, incluso ante el poder del Falso Yo. A trav\u00e9s del don de la humildad, Dios nos permite ver el implacable abrazo divino de misericordia y amor, incluso en medio de nuestros muchos defectos y fracasos.<\/p>\n<p>Teresa tiene numerosas declaraciones sobre la humildad. La siguiente, sin embargo, parece captar mejor su mensaje b\u00e1sico sobre el tema de esta virtud.<\/p>\n<p><b>\u201cUna vez estaba reflexionando por qu\u00e9 a nuestro Se\u00f1or le gustaba tanto esta virtud de la humildad y me vino este pensamiento... Es porque Dios es la Verdad suprema; y ser humilde es caminar en la verdad, pues es una verdad muy profunda que de nosotros mismos no tenemos nada bueno sino s\u00f3lo miseria y nada. Quien no comprende esto camina en la falsedad\u201d. (IC 6.10.7)<\/b><\/p>\n<p>Merton tiene una aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la visi\u00f3n de Teresa. Dice que rara vez vemos la verdad que nos llevar\u00eda a la soluci\u00f3n de nuestros problemas personales, sociales y pol\u00edticos. Tenemos que reconocer que todos estamos m\u00e1s o menos equivocados de una forma u otra, compartimos motivos mezclados, autoenga\u00f1o, orgullo, justicia propia y tendencia a la agresi\u00f3n, por no mencionar la hipocres\u00eda.<\/p>\n<p><span>La gran mentira del \u201chonor\u201d<\/span><br \/>Un buen ejemplo de vivir la mentira para Teresa era el papel dominante del \u201chonor\u201d en su \u00e9poca. Para Teresa, se trataba de una mentira que se infiltraba en toda la sociedad, e incluso en la vida religiosa. No es muy diferente en nuestros d\u00edas. Innumerables agravios mezquinos arraigados en un falso sentido de respeto, privilegio, prestigio y control impiden el camino hacia el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n. Caminar en la verdad de la humildad nos libera de esta falsa conciencia paralizante que es un obst\u00e1culo singular para el amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo. <\/p>\n<p><span>El humilde padre de los dos hijos<\/span><br \/>Hace poco, reflexionaba sobre la par\u00e1bola de los dos hijos. Empec\u00e9 a darme cuenta de que era un poderoso ejemplo de verdadera humildad en la persona del padre.<\/p>\n<p>Toda la escena del Hijo Pr\u00f3digo que regresa es una letan\u00eda de violaciones del comportamiento esperado para el padre. Era totalmente descort\u00e9s salir de casa, y lo que es peor, huir. El abrazo estaba totalmente fuera de lugar para un hombre mayor en esta cultura. El ternero cebado en estas circunstancias era sencillamente inaudito. Todos los rituales aceptados para un padre ofendido se hicieron a\u00f1icos, con la consiguiente p\u00e9rdida total de dignidad. Todas las normas culturales quebrantadas dieron m\u00e1s fuerza al grito sobrecogedor del padre: \u00a1Te quiero! \u00a1Te perdono! \u00a1Te acepto con gran alegr\u00eda! Has vuelto y nada m\u00e1s importa. \u00a1Que empiece la fiesta!<\/p>\n<p>La misma rutina, de forma m\u00e1s sutil, se llev\u00f3 a cabo en el caso del segundo hijo.<\/p>\n<p>El padre abandon\u00f3 la casa una vez m\u00e1s violando las exigencias de su dignidad. No dio cr\u00e9dito a la despreciable descripci\u00f3n de \u00e9l como un padre horrible y despreocupado. A la hostilidad y la ira respondi\u00f3 con una mano tendida en se\u00f1al de misericordia y comprensi\u00f3n. A la autocompasi\u00f3n respondi\u00f3 declarando que todo lo que ten\u00eda era para su hijo. El retraimiento fue desafiado con la invitaci\u00f3n a unirse a la celebraci\u00f3n. <\/p>\n<p>El padre ten\u00eda ante s\u00ed la clara elecci\u00f3n b\u00edblica de la vida o la muerte. Por un lado, ten\u00eda la exigencia social de cu\u00e1l era el comportamiento adecuado para un padre profundamente ofendido. Ten\u00eda la opci\u00f3n de proteger el respeto y el privilegio apropiados a su papel de padre gravemente insultado. Estaba en su derecho de aplicar las dolorosas consecuencias de esta escandalosa negligencia del privilegio paterno. Todo esto estaba respaldado por las expectativas de su cultura y los rituales sociales de respeto paterno. Era un hecho innegociable que su honor deb\u00eda ser protegido. Por otra parte, si eleg\u00eda este conjunto de valores, era la muerte para sus dos hijos.<\/p>\n<p>Su elecci\u00f3n de vida, impulsada por su humildad, le liber\u00f3 de las agobiantes demandas de respeto y privilegio exigidas por las r\u00edgidas normas de la sociedad. Este es un ejemplo claro y contundente de la elecci\u00f3n del Verdadero Yo sobre el Falso Yo. Ahora bien, su humilde presencia ante los dos hijos les ofrec\u00eda vida y libertad. Era una rica expresi\u00f3n de la Verdad de Dios.<\/p>\n<p><span>El poder reconciliador de la humildad<\/span><br \/>Todos nosotros sufrimos las percepciones sesgadas que protegen nuestras pretensiones de privilegio, prestigio y control. Esta es la falsa conciencia que estrangula y ciega la posibilidad de reconciliar el amor y el perd\u00f3n. Teresa dice lo siguiente sobre esta mentalidad mort\u00edfera.<\/p>\n<p>\u201cDeber\u00edas huir a mil millas de expresiones como: <b>\u201cYo ten\u00eda raz\u00f3n.\u201d \u201cNo ten\u00edan raz\u00f3n para hacerme esto\u201d. \u201cEl que me hizo esto se equivoc\u00f3\u201d. Dios nos libre de este pobre modo de razonar. \u00bfTe parece justo que nuestro buen Jes\u00fas sufriera tantos insultos y le hicieran pasar por tantas injusticias? No s\u00e9 por qu\u00e9 est\u00e1 en el monasterio la monja que no quiere llevar m\u00e1s cruz que la que le parece razonable.\u201d (W 13.1-2)<br \/><\/b><br \/>Para reconciliarnos, necesitamos olvidarnos de nosotros mismos con humildad. Esto nos libera de la posesividad de nuestras obras y reputaci\u00f3n, que son un bloqueo para servir a Dios y vivir en armon\u00eda con nuestros hermanos y hermanas. Aqu\u00ed, de nuevo, tenemos un ejemplo del poder del Verdadero Ser en acci\u00f3n.<\/p>\n<p><span>La historia de la misericordia de Dios<\/span><br \/>La humildad nos ayuda a apreciar dos verdades fundamentales sobre nuestra condici\u00f3n humana. Hemos sido creados a imagen de Dios y la uni\u00f3n con Dios es nuestro verdadero destino. Justo al principio de El Castillo Interior Teresa dice: \u201cNos damos cuenta de que el alma de una persona buena no es otra cosa que un para\u00edso donde el Se\u00f1or dice que encuentra su deleite.\u201d (IC 1.1) La otra verdad es un desaf\u00edo b\u00e1sico a nuestro verdadero destino. Sin la misericordia de Dios, estamos atrapados en un callej\u00f3n sin salida. Estas dos verdades est\u00e1n en el centro de la lucha entre el Yo Verdadero y el Yo Falso. <\/p>\n<p>Nuestra tarea es aceptar esta doble verdad de nuestra quebrantada situaci\u00f3n. Somos pecadores indefensos, pero amados y perdonados en Cristo Jes\u00fas, nuestro Salvador. Esta es la realidad arraigada en el Yo Verdadero. Esta es la realidad que la humildad nos abre al liberarnos gradualmente del cautiverio inmovilizador del pecado arraigado en el Falso Yo.<\/p>\n<p>Con suerte, aceptaremos la verdad de qui\u00e9n es Dios y qui\u00e9nes somos nosotros. Entonces, podremos compartir la verdad de la humildad con Teresa y decir: <b>\u201cLa historia de mi vida es la historia de la misericordia de Dios\u201d.\u201d<\/b><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>This post was originally published on this site. This is the eighth of eleven reflections on Thomas Merton&rsquo;s teaching on the True Self\/False Self dynamic. 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