Boletín del Plan de Acción Laudato Si’ de mayo de 2026, nº 15
Bienvenidos a la decimoquinta edición del Boletín del Plan de Acción Laudato Si’ de la Provincia Carmelita PCM. Este boletín electrónico pretende informar a los miembros y socios de esta provincia sobre nuestro compromiso colectivo de vivir los valores de Laudato Si’ -escuchar y responder a los gritos de la tierra y a los gritos de los pobres. Está preparado por el Coordinador del Plan de Acción de Laudato Si’, Dennis Kalob.
Semana Laudato Si’, 17-24 de mayo: De la esperanza a la acción
Una semana. Una acción. Una respuesta católica global.
Este año, se pide a los católicos, comunidades religiosas, parroquias, escuelas y otros ministerios que identifiquen UNA acción que estén dispuestos a realizar durante esta semana especial. Puede ser plantar un árbol, pasar un día (o una semana) sin comer carne, utilizar el transporte público en lugar del coche, organizar un servicio de oración o un grupo de estudio sobre el cuidado de la creación... las posibles acciones son infinitas y no tienen por qué ser complicadas. Puede ser una pequeña acción puntual o el lanzamiento de un esfuerzo a más largo plazo.
Lo que les pido a cada uno de ustedes es que consideren la posibilidad de emprender una acción (como individuo, comunidad o ministerio) y llevarla a cabo durante esa semana. A continuación, envíenme un correo electrónico informándome de la acción, para que pueda dejar constancia de ella. Esta información será compartida con la provincia y con la Plataforma de Acción global Laudato Si’.
¿Te importaría participar en un acto especial de solidaridad durante la Semana Laudato Si’?
Gracias.
Dennis Kalob
Coordinador del Plan de Acción Laudato Si’
LSCoordinator@carmelites.net
***** ALGUNAS PALABRAS SOBRE GUERRA *****
Número de muertos en todo el mundo a causa de la guerra, 2025: 240.000+ (sin contar las muertes indirectas debidas a infraestructuras destruidas, hambre, etc.)
El número de personas desplazadas por la guerra ha ido en aumento y ya supera los 120 millones.
En 2024, el gasto militar mundial alcanzó los $2,7 billones; 37% gastados por Estados Unidos.
El gasto militar sigue aumentando. La guerra es un negocio muy rentable.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos es uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo.
Laudato Si’ nos llama a todos a escuchar los gritos de la tierra y los gritos de los pobres. La guerra representa el grito más fuerte posible. Es gravemente destructiva para el mundo natural y los pobres son casi siempre los más perjudicados por ella. Sólo la preparación para la guerra resta dinero a los esfuerzos que pueden albergar, alimentar, educar y cuidar a los más vulnerables. Se habla mucho de “guerras justas”. La verdad es, sin embargo, que pocas (algunos dicen que ninguna) están realmente justificadas, aunque aquellos con gran poder y privilegio intenten convencernos de lo contrario... constantemente.
En un servicio de oración en el Pentágono (25 de marzo de 2026), el Secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, oró por “la violencia abrumadora de la acción contra aquellos que no merecen misericordia”. Hegseth ha exaltado repetidamente la violencia y lo ha hecho en nombre del cristianismo.
Pero demos la última palabra a nuestro Papa.
A continuación reproducimos un extracto de la homilía pronunciada por Su Santidad, el Papa León XIV, el 11 de abril de 2026, en la Vigilia Mundial de Oración por la Paz.
¡Basta de idolatría del yo y del dinero! ¡Basta de ostentación de poder! ¡Basta de guerras! La verdadera fuerza se demuestra sirviendo a la vida. Con sencillez evangélica, San Juan XXIII escribió una vez: “Los beneficios de la paz se harán sentir en todas partes, por los individuos, por las familias, por las naciones, por todo el género humano”. Y haciéndose eco de las incisivas palabras de Pío XII, añadió: “Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra” (Carta encíclica Pacem in Terris, 116).
Unamos, pues, la fuerza moral y espiritual de los millones y miles de millones de hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que hoy eligen creer en la paz, curando las heridas y reparando los daños que deja tras de sí la locura de la guerra. Recibo innumerables cartas de niños de zonas en conflicto. Al leerlas, uno percibe, a través de la lente de la inocencia, todo el horror y la inhumanidad de acciones de las que algunos adultos se jactan con orgullo. ¡Escuchemos las voces de los niños!
Queridos hermanos y hermanas, hay ciertamente responsabilidades vinculantes que recaen sobre los líderes de las naciones. A ellos les gritamos: ¡Alto! ¡Es la hora de la paz! ¡Sentaos a la mesa del diálogo y la mediación, no a la mesa donde se planea el rearme y se deciden acciones mortíferas! Sin embargo, hay una responsabilidad no menos importante que nos incumbe a todos nosotros, hombres y mujeres de todo el mundo. Somos una inmensa multitud que rechaza la guerra no sólo de palabra, sino también de obra. La oración nos llama a dejar atrás toda violencia que permanezca en nuestros corazones y mentes. Volvámonos hacia un Reino de paz que se construye día a día en nuestros hogares, escuelas, barrios y comunidades civiles y religiosas. Un Reino que contrarreste la polémica y la resignación mediante la amistad y la cultura del encuentro. Volvamos a creer en el amor, la moderación y la buena política. Debemos formarnos e implicarnos personalmente, cada uno siguiendo su propia vocación. ¡Todos tenemos un lugar en el mosaico de la paz!